jueves, 7 de agosto de 2014
Bautizo de Lenny
Bautizo de Lenny, hijo de Yvonne Rathgeber y de Juan Pablo Asensi. Yo he sido el sacerdote de la boda de los padres, y del bautizo de la madre, conversa que encontró la fe en Mallorca. Entre el bautizo Yvonne y de su hijo han pasado 11 meses. Me honro de ser amigo de esta familia y estoy orgulloso de haber prestado estos servicios.Con ellos el padrino Rainier, de Sudáfrica, y profesor de Llaut, también converso a la iglesia católica.
domingo, 22 de junio de 2014
Familia numerosa: paternidad y maternidad responsable
Hoy en día está mal visto tener una familia numerosa. Se apela a la superpoblación de la tierra, a la necesidad de educar adecuadamente a los hijos, etc. Todas estas son razones coyunturales, y no se quiere ir al núcleo del problema que es la visión que se tiene del hombre, pura materia, sin apertura a lo trascendente, a lo espiritual -al mundo invisible, que decía Newman-. Con estas bases la familia y los hijos pueden ser tratados con criterios utilitaristas, como los que se tienen en una granja de animales. La producción de hijos depende de las necesidades de los padres, de las modas, de la situación social, etc.
Pero hay otro modo de ver al hombre, criatura hecha a imagen y semejanza de Dios, abierto a los trascendente. El hombre no ha aparecido en este mundo por una casualidad, sino por un querer positivo de Dios, que le ha dado un alma inmortal, y está pendiente de todas sus necesidades. Sin esta apertura a lo sobrenatural, a la aceptación de que no somos autosuficentes, es difícil defender a la familia numerosa, y a la paternidad responsable. Dios es el que cuida de las familias, y de un modo especial de las familias numerosas.
Con una ligereza digna de mejor causa, se dice que la iglesia ha cambiado su criterio respecto a la paternidad y la maternidad. Desde el comienzo la iglesia no ha hecho otra cosa que cambiar, de reformarse en muchos aspectos, pero nunca en su moral. Decir que la iglesia cambia en su doctrina, es tan absurdo como admitir un circulo cuadrado. La moral de la iglesia no es una construcción humana, fruto de un trabajo intelectual, sino doctrina recibida de Dios a través de la revelación. La iglesia debe transmitir estas verdades a cada generación, y esta labor pedagógica si que es una obra humana.
El último gran acontecimiento de la vida de la iglesia fue el concilio vaticano II, convocado por el querido Papa Juan XXIII. En uno de los documentos de esta asamblea, concretamente en la constitución Gaudium et Spes se dice: "...son dignos de mención muy especial los esposos que de común acuerdo, bien ponderado, aceptan con magnanimidad una prole más
numerosa para educarla dignamente...". Es decir, la Iglesia como siempre elogia la familia numerosa, como una prueba de la generosidad de los padres.
Por otra parte, la Sagrada Escritura y la práctica tradicional de la Iglesia ven en las familias numerosas un signo de la bendición divina, de una especial predilección de Dios. En el lenguaje popular se suele decir que cada hijo viene al mundo con un pan debajo del brazo, es decir, que Dios no abandona a su suerte a los padres que viven su matrimonio con fe en la providencia divina.
Publicado en El Mundo-El Día de Baleares el 18 de julio de 2014
sábado, 7 de junio de 2014
Bautizo, confirmación y primera comunión de Catlin Goldman
El sábado, 14 de mayo de 2014, bauticé a Catlin Goldman, una chica inglesa de 14 años. Asistieron sus padres Alan y Zara, su abuelo paterno, su abuela materna Olivia, sus padrinos, y todas las de su curso de 2º de la ESO, del colegio Aixa.
Catlin llegó al colegio hace dos años, y desde el primer momento me llamó la atención su inquietud religiosa. Venía al oratorio, asistía a Misa, y manifestó su deseo de recibir el bautismo. Comenzamos la catequesis, y habló con sus padres de sus deseos. Los padres tenían sus prevenciones -ninguno de los dos es católico-, y querían que la decisión de su hija fuese bien fundamentada. Su padre es ingeniero naval, y trabaja en un yate de 90 m. de eslora, con una tripulación de 20 personas. Con frecuencia está fuera de Mallorca, viajando por todo el mundo.
Después de varias conversaciones con sus padres, dieron su aprobación, y fijamos la ceremonia para el 14 de mayo La ceremonia fue en el oratorio del colegio Aixa, con permiso de la diócesis, y quedando registrada en los libros de la parroquia vecina. Los padrinos fueron un matrimonio amigo de la familia: Rodrigo y Carmen.
La familia nos invitó a tomar el lunch en su casa del Toro, que habían preparado su madre, su abuela y su tia. Al acabar la comida su abuelo, que había venido de Inglaterra, le regaló una biblia que su mujer había conservado toda su vida. Leyó una carta que le había escrito a su mujer el vicario anglicano de su parroquia, el día de su confirmación. Fue muy emocionante.
sábado, 3 de mayo de 2014
Primeras comuniones Aixa
Queridos hermanos:
El evangelio que acabamos de escuchar es
un pasaje del discurso sobre el Pan de Vida que el Señor pronunció en
Cafarnaúm. En este lugar Jesús habló con toda claridad del sacramento de la
Eucaristía, que instituyó en la Ultima Cena. El Señor nos dice que es el pan
vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá eternamente. No
hay opción a falsas interpretaciones: cuando comulgamos, recibimos el cuerpo de
Cristo que se entrega por nosotros.
Dios había preparado al pueblo judío con
el maná que les alimentó durante los cuarenta años que peregrinaron por el
desierto. Fue un milagro extraordinario que Dios padre tuvo con su pueblo, para
que no murieran de hambre en aquellas circunstancias tan adversas, antes de
llegar a la tierra prometida. Pero el maná, siendo un alimento milagroso,
solamente servía para recuperar las fuerzas, no daba la inmortalidad. Como
explica el Señor, los israelitas comieron y murieron.
Pero al llegar la plenitud de los tiempos,
El Hijo de Dios se hizo hombre, vino para dar cumplimiento a todas las promesas
que habían recibido los judíos. Nos dio un alimento que no tiene parangón con
ningún alimento humano, es un alimento que da la inmortalidad. Al recibir la
santa comunión, no es Cristo el que se convierte en nosotros, como ocurre con
cualquier comida. Somos nosotros los que nos transformamos, nos divinizamos,
nos hacemos consortes de la naturaleza divina.
Nunca daremos suficientes gracias a Dios
por el sacramento de la Eucaristía. Desde la Ultima Cena, la Iglesia no ha
cesado de dar gracias a Dios, y ha convertido la Eucaristía en el centro de la
vida cristiana. Los cristianos nos reunimos para celebrar la Eucaristía, dando
gracias a Dios por este don inefable. Bastaría una única comunión en nuestra
vida para conseguir unos efectos extraordinarios, increíbles.
El catecismo de la Iglesia dice que la
Eucaristía culmina el proceso de la iniciación cristiana. Los que han sido
elevados a la dignidad del sacerdocio real por el bautismo, participan por la
eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor. Estas niñas
recibieron en su día el sacramento del bautismo que les confirió el sacerdocio
común de los fieles, participando de la comunión de los santos que existe entre
todos los bautizados.
A lo largo de estos años han recibido
una catequesis en su casa primero, y después en el colegio. Han aprendido a
amar a Jesucristo, a contar con la gracia de Dios para mantener esa lucha
propia de los cristianos. Dios mismo, por medio del Espíritu Santo, ha ido
moldeando sus almas, para que pudiesen recibir la sagrada eucaristía. Además,
sabemos que son las predilectas del Señor, Jesús se encuentra muy a gusto en
medio de los niños.
Hace
unos meses hicieron su primera confesión, recibieron el sacramento de la
penitencia, y aprendieron a pedir perdón a Dios por sus errores,
equivocaciones, por sus pequeñas faltas de amor. Desde entonces, se ha
confesado en varias ocasiones, y el Espíritu Santo se ha ido metiendo en su
alma, transformándolas para que su alma estuviera totalmente limpia. Hoy este
camino llega a su fin: el Señor viene al alma de cada una, para quedarse, para
compartir con ellas su vida.
lunes, 21 de abril de 2014
Graduación de segunda promoción de Aixa
Estamos
en la semana 4ª de Cuaresma, cerca de la Semana Santa. La iglesia desde el
miércoles de ceniza nos ha animado a una nueva conversión, a un cambio en
nuestra vida. Estoy seguro que este tiempo que ha transcurrido desde el
comienzo de la cuaresma, ha sido un tiempo de mayor exigencia, de una lucha más
decidida contra los enemigos de nuestra alma, el mundo, el demonio y la carne.
El
evangelio de este viernes es un fragmento del cap. 7 de S. Juan, donde se nos
vuelve a narrar el enfrentamiento duro y despiadado de las autoridades de
Israel contra Jesús, a quien no quieren reconocer como Mesías. Es un combate
entre la luz y las tinieblas, entre el bien y el mal. En este conflicto, Jesús
se revela a sí mismo como la luz del mundo, como el Hijo de Dios que viene a
transmitirnos una revelación, una sabiduría que no puede alcanzarse con las
fuerzas humanas, con nuestra inteligencia.
El
señor nos dice que ha sido enviado por el que es veraz, por el que no engaña,
el que no defrauda. Ese Dios verdadero que envía a su Hijo para darse a
conocer, es rechazado por aquella clase dominante de Israel. No están
dispuestos a perder sus prerrogativas, su cota de poder en la sociedad, y
condenan a muerte al Mesías. Esta misma escena se repite en nuestros días, y
nos encontramos con mentiras difundidas desde las clases dominantes,
oponiéndose a la ley de Dios, a un planteamiento cristiano de la vida.
Hoy
celebramos la graduación de la segunda promoción de este colegio y es bueno que
pensemos en los motivos que llevaron a la creación del colegio. Era y es un
proyecto educativo que trataba y trata de formar personas que tuvieran ese amor
a la verdad, ese respeto a las distintas opiniones legítimas que se pueden dar
en la sociedad. Era y es algo muy sencillo, pero que ha demostrado tener una
importancia grandísima en la educación, y que desde el primer momento se ha
encontrado con dificultades de distinto tipo, muchas veces causadas por
personas que no creen en la libertad, en el legítimo pluralismo.
Gracias
a Dios el colegio se ha abierto paso, ha ido creciendo, y hoy es un día de
fiesta porque aquellas niñas que comenzaron sus clases hace más de 7 años, hoy
se preparan para una nueva etapa de su vida, con un bagaje de formación que les
hará enfocar las distintas situaciones con un peso, una gravedad, un modo de
ver la vida, que tiene mucho que ver con la verdad, con la apertura a todo lo
que Dios ha querido para cada uno de nosotros.
Os
digo que en el colegio siempre encontrareis a personas que os quieren, que se
han sacrificado por vosotras, y que no dejaran de estar a vuestro lado siempre
que lo necesitéis. Durante años habéis venido a rezar a este oratorio, y el
Señor ha escuchado vuestras confidencias. No dejéis de acudir al Sagrario para
encontrar al verdadero amigo, y muy cerca de El, hallareis siempre a la
Santísima Virgen.
Viernes Santo
Queridos
hermanos: nos encontramos en el centro de la Semana Santa, en el día en que
nuestro Señor murió en la cruz por nuestros pecados, para abrirnos las puertas
del Cielo que estaban cerradas desde el pecado de nuestros primeros padres.
Pasaron muchos siglos desde aquella desobediencia de Adán y Eva, que causó la
expulsión del Paraíso, la pérdida del estado de gracia, y el triunfo de la
muerte sobre la vida. Desde el primer momento Dios se apiadó del hombre, y
prometió un mesías que vendría a redimirnos, a darnos todo lo que habíamos
perdido, y mucho más. .
Hoy contemplamos la cruz de Cristo, y tratamos de descifrar el profundo
significado de esta muerte, de esta ejecución del hijo de Dios.
En el Calvario el Señor nos da ejemplo
de obediencia, se hace obediente, obediente hasta la muerte y muerte de Cruz,
nos dice S. Pablo. Nuestro Señor sabe que va a morir, pero tiene un rechazo,
como todo hombre, al sufrimiento al dolor. En Getsemaní pide a su padre que le
libre de la pasión y la muerte, pero acaba diciendo no se haga mi voluntad,
sino la tuya. Cristo obedece, y nosotros, hijos de Dios, debemos obedecer. En
este mundo no está de moda la virtud de la obediencia, solo se alcanza una
especie de sometimiento a las autoridades, cuando ya no hay más remedio. Hoy
nos debemos recordar que no hay cristianismo sin obediencia, sin amor e
identificación con la voluntad de Dios. Se habla mucho de libertad, de derechos
humanos, pero se olvida que somos criaturas hechas por Dios, con un mundo que
se nos ha dado, que no hemos construido nosotros. Se habla mucho de
personalidad, y se olvida que venimos al mundo cuando Dios quiere, y nos iremos
de este mundo cuando Dios disponga.
Obedecer es una palabra que no está
de moda, que choca frontalmente con esos deseos de autosuficiencia, de
independencia, de estar por encima de toda norma y regla. El cristiano sabe que
para seguir al Maestro, tiene que estar unido a los legítimos pastores, al Papa
y a los obispos. Hoy se habla mucho de una nueva iglesia, como si la doctrina
de Cristo, y su ejemplo, hubiesen caducado. No es la doctrina la que tiene que
adaptarse a los nuevos tiempos, sino los hombres los que tenemos que
adaptarnos, identificarnos con la doctrina de siempre. Obedecer es algo muy
grande, es algo que nos acerca a Jesucristo, que nos libera de esas
esclavitudes que quieren dominarnos. Miremos al Papa que tenemos ahora, y
escuchemos su palabra. Amemos al Papa actual, y sintamos el orgullo de tener al
frente de la iglesia a un Papa, que es fiel a Jesucristo, y por lo tanto,
perfectamente identificado con los papas anteriores.
En el calvario el Señor nos da ejemplo
de humildad, de anonadamiento, de renuncia. La sagrada escritura nos dice que
no había en El parecer, ni hermosura. Aceptó todo aquel conjunto de humillaciones:
la traición de Judas, los insultos de la muchedumbre, las burlas de los
soldados. Incluso en la Cruz, uno de los dos condenados con él, se burlaba, le
ofendía. Y todo esto sin rechistar, aceptando ese suplicio, como venido de las
manos de Dios.
Pensemos nosotros como
nos comportamos en la vida ordinaria, como sabemos llevar las humillaciones que
provienen de la vida en familia, del trabajo, de la relación con los demás.
Cada uno de los hachazos que nos da la vida, debería ser una ocasión para pulir
nuestro amor propio, para parecernos a Cristo.
Homilía predicada en la iglesia del Corpus Christi de Palma, el viernes santo de 2014
Jueves Santo
Jueves
Santo
Nos
encontramos celebrando la misa en recuerdo de la última cena, hoy jueves santo
del año 2014. Desde el domingo pasado nos estamos preparando para estos tres
días que comienzan hoy, en los que vamos a celebrar los misterios centrales de
la Pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor. Hoy la Iglesia nuestra Madre
conmemora la institución de dos sacramentos: el sacramento del Orden y el
sacramento de la Eucaristía. El Sacramento del Orden sacerdotal, del
sacerdocio, y el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
En
la segunda lectura de la misa de esta tarde, hemos leído un fragmento de la
primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios, donde el Apóstol nos dice
que él ha recibido una tradición que procede del Señor, es decir, de algo que
no ha sido inventado por los hombres, sino por el mismo Dios. El Señor Jesús,
en la noche en la que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de
gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros.
Haced esto en memoria mía”.
Las
palabras del Señor no tienen más que una interpretación: el pan que hay sobre
la mesa se convierte milagrosamente en el cuerpo de Cristo, el vino en su
sangre redentora. Una vez que Cristo ha pronunciado las palabras de la
consagración se produce un milagro extraordinario: Dios que viene a la tierra,
escondido bajo la apariencia de pan, bajo la apariencia de vino. Ya antes, en
la sinagoga de Cafarnaún, Jesús había prometido la Eucaristía, y mucho se
habían alejado de Él, porque les resultaba duro de creer. La carne de Cristo se
hace alimento para nuestras almas, se nos da por completo.
Este
milagro extraordinario se continúa en la Iglesia, gracias al sacramento del
orden, al sacerdocio cristiano. Jesús les dice a los apóstoles: haced esto en conmemoración
mía. A partir de la última cena, los apóstoles y sólo los apóstoles, comenzaron
a celebrar la misa, y a dar a los hermanos en la fe el cuerpo de Cristo. Nos
podemos imaginar cuales eran los sentimientos de los cristianos en aquellas
primeras misas de la iglesia, en aquellas celebraciones en las casas
particulares, cuando todavía no había iglesias, ni altares, ni ornamentos.
Tenemos
relatos de sacerdotes que han celebrado en campos de concentración durante la
segunda guerra mundial, relatos de sacerdotes encerrados en cárceles en países
donde no se respeta la libertad. En esas celdas han conseguido introducir un
poco de pan y un poco de vino, y cuando no son vistos por los guardianes, han
consagrado las especies sacramentales, y han celebrado la misa con más
solemnidad que en la más famosa catedral del mundo.
Hoy
es un día para agradecer al Señor el don de la eucaristía, y para examinar
nuestras comuniones. S. Pablo dice que quien se acerca a comulgar sin la debida
preparación, está buscando su propia condenación. Que nunca nos acerquemos a
comulgar si la conciencia nos acusa de un pecado mortal, que seamos humildes y
acudamos a la confesión siempre que lo necesite nuestra alma. Y junto con la
preparación espiritual, la preparación física, el ayuno eucarístico, para
recibir al que es Rey de reyes, Señor de Señores. Acudir a la comunión con
pureza, con humildad, con devoción, con el espíritu y fervor de los santos.
homilía predicada en la iglesia del Corpus Christi de Palma, el jueves santo de 2014
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