domingo, 16 de agosto de 2015

Un poco de ecología


Este verano está resultando especialmente duro, con temperaturas que no dejan de batir récords. En medio de este calor sofocante, el Papa Francisco ha hecho un regalo a la humanidad en forma de encíclica (Laudato Sii), dedicada a la ecología. Aunque es su segunda encíclica, de hecho es la primera ya que la anterior fue elaborada con un documento que le había dejado su predecesor Benedicto XVI. Con gracia, Francisco afirmó que fue una encíclica escrita a cuatro manos.
El presente documento es una llamada de atención a todos los hombres de buena voluntad sobre el cuidado de la tierra. A nadie se le oculta el daño inconmensurable que estamos haciendo entre todos a este planeta, desde todos los puntos de vista. Los que vivimos a la orilla del Mediterráneo, comprobamos cada día que es un mar contaminado, con pérdidas irreparables de especies marinas. El mare nostrum de los antiguos se ha convertido en el mare contaminatum. Es necesario que todos tomemos conciencia de la situación de emergencia en la que nos encontremos, y se tomen las medidas pertinentes.
El Papa se ha fijado en esta encíclica en aquellas páginas del evangelio en las que el Señor nos habla de la creación de Dios (el mundo ha salido de las manos de Dios y ha sido confiado al hombre), y de la providencia divina o cuidado amoroso que Dios tiene con todas las criaturas, racionales e irracionales. Son especialmente bonitas las páginas del evangelio donde Jesús habla del cuidado que Dios tiene de las aves del cielo y de los lirios del campo. Llega a decir que estos seres están vestidos por Dios con más elegancia que el gran rey del Antiguo Testamento, Salomón.
Estas enseñanzas de la religión cristiana siempre han estado presentes en la vida de la iglesia. Basta recordar a Benito de Nursia del siglo VI, fundador del monaquismo en occidente, que puso en marcha una gran red de monasterios por toda Europa, donde siguiendo el lema benedictino “ora et labora” (reza y trabajo), enseñaba a los campesinos a sacar el máximo rendimiento de sus tierras, respetando el equilibrio ecológico del lugar.
Y qué decir de Francisco de Asís del siglo XIII, cuyo cántico da pie al título de la encíclica “Laudato Si” (Alabado Sea), gran renovador de la vida cristiana en todo el mundo, volviendo a los orígenes del cristianismo, con una pobreza total, confiando en la paternidad de Dios que nos dará el alimento necesario cada día. Recuerda el Papa Francisco que su tocayo Francisco de Asís, quiso que en los conventos franciscanos hubiese en la huerta, una parcela que no se cultivase, dejada esta tierra a la voluntad de Dios. Decía Chesterton en la biografía que escribió de San Francisco de Asís, que Francisco fue el hombre más humilde que ha existido en toda la historia de la humanidad. Una humildad que le llevaba a confiar en Dios, amando la obra de la creación.
He tenido la suerte de conocer a un gran santo del siglo XX Josemaría Escrivá. Puedo decir que era también un enamorado de este mundo, y llegó a poner como título de uno de sus escritos “amar el mundo apasionadamente”. Seguía con interés las noticias ecológicas, y se llevó una gran alegría cuando, como consecuencia de la purificación, volvieron los peces a vivir en el Támesis a su paso por Londres. Constantemente en sus conversaciones salían los temas medioambientales.
Lógicamente el Papa no propone soluciones técnicas para resolver problemas medioambientales. Eso es propio de los expertos. Pero, desde su papel de maestro, nos ha recordado que todos somos responsables de la situación del planeta tierra, y no podemos disculparnos diciendo que yo no soy experto en estos temas. En el punto 118 de la encíclica llega a decir que si alguien pensase que a él no le atañe este problema, caería en una situación de esquizofrenia, exaltando todo lo técnico, lo factible, sin reconocer a los demás seres un valor propio.
El desafío que nos hace el Papa es grande, que se debe traducir en una nueva relación con la naturaleza. Pero, para eso hace falta una adecuada comprensión del hombre: “no hay ecología sin una adecuada antropología”


Fernando Uriol

domingo, 14 de diciembre de 2014

La Novena de la Inmaculada

DIA PRIMERO: la anunciación Lc 1, 26-38
Comenzamos hoy la novena de la inmaculada que nos ayuda a prepararnos para la fiesta del 8 de diciembre, la conmemoración del dogma de la inmaculada concepción, proclamado solemnemente por el Papa Pío IX en el año 1854. La fe de la iglesia siempre había creído en la pureza inmaculada de nuestra Madre, concebida sin pecado, y la historia muestra como en la literatura de los padres de la iglesia, en los templos dedicadas a la Virgen, etc. Siempre se había afirmado la fe en este privilegio de la Santísima Virgen. La declaración del dogma no fue más que un remarcar algo que ya estaba entre las creencias del pueblo de Dios.
El primer relato que tenemos de nuestra Madre en el evangelio nos lo da S. Lucas en el cap. 1 de su evangelio. Se trata de la escena de la Anunciación y Encarnación del Hijo de Dios. Nos dice el evangelista que “el ángel Gabriel fue enviado de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón llamado José, de la casa de David, y el nombre de la Virgen era María”. Fijémonos en estas pocas palabras: Dios envía a un ángel a una virgen, que está prometida con un varón llamado José. El nombre de la virgen era María
Un padre de la iglesia nos dice que la palabra María en hebreo quiere decir estrella del mar, y en siríaco Señora. Y con razón, porque mereció llevar en sus entrañas al Señor del mundo y a la luz constante de los siglos. Ella será la estrella que orientaría a tantas generaciones de cristianos a través de los mares de este mundo, la Señora que cuida de la casa para que todos tengan ese hogar donde puedan reponer las fuerzas para el trabajo, para las peleas de la vida.
También a nosotros Dios nos va a visitar durante estos días de la Novena, y nos transmitirá un mensaje personal, adecuado a nuestras circunstancias. Dios tiene unos planes concretos para cada uno de nosotros, una misión determinada en este mundo nuestro. Debemos estar atentos, con los oídos bien abiertos, con el corazón preparado, para escuchar esas insinuaciones divinas que vamos a recibir. La novena no es un conjunto de misas, es algo más. Es disponernos con la Virgen a que Dios nos cambie la vida, nos pida algo que nosotros todavía no conocemos. Digamos al Señor aquí estoy para hacer tu voluntad.
San Gregorio Magno dice que a María Virgen no se envía un ángel cualquiera, sino el arcángel San Gabriel.  Procedía que viniese un ángel de los primeros a anunciar los misterios. Se le designa por su propio nombre, el cual muestra lo que vale en sus obras, pues el nombre de Gabriel significa fortaleza de Dios Por la fortaleza de Dios había de ser anunciado el que, siendo Dios de las virtudes y poderoso en la guerra para vencer en todas las batallas, venía a destruir las potestades del infierno.
El relato continúa con estas palabras del Ángel: “Salve, llena de gracia, el Señor es contigo. Ella se turbó al oír estas palabras, y se preguntaba que significaría tal salutación”.  María estaba llena de gracia, y el Señor estaba con ella. Nos podemos preguntar cada uno: ¿yo estoy en gracia?, ¿he combatido contra el pecado para no perder mi amistad con Dios?, ¿necesito una buena confesión que limpie mi alma, y así podré oír la voz de Dios? Estos días son una buena ocasión para examinarnos a fondo, y descubrir todo aquello que me impide seguir al Señor. Especialmente debemos preguntarnos si estamos luchando por ser humildes, mirando siempre a los demás con una gran admiración, comprendiendo que son mucho mejor que nosotros. Dios no puede estar con nosotros si estamos llenos de nosotros mismos, de amor propio, de ansias de llamar la atención.
María se turba ante las palabras del ángel, y no entiende el significado de aquel mensaje. La delicadeza de conciencia de la Virgen hace que se sienta inquieta ante algo que le excede, que le sobrepasa. Todo lo contrario de lo que nos ocurre a nosotros, que nos consideramos siempre los mejores, dignos de toda admiración. En lugar de pedir consejo a personas que nos puedan orientar, queremos ser autosuficientes, sabedores de casi todo. Mal planteamiento para la vida cristiana es la actitud autosuficiente, pagada de uno mismo. María se llena de estupor ante algo que no entiende, pero intuye que es algo muy grande. No se queda encerrada en sí misma, y espera que el mensajero de Dios le aclare su inquietud.
El ángel le dice: “No temas María porque has hallado gracia ante Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz a un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande: se llamará Hijo del Altísimo”. Las palabras de Gabriel son invitación a perder el miedo, no temas. También nosotros ante los planes de Dios podemos sentir miedo, nos podemos quedar paralizados. Lo sobrenatural siempre nos excede, nos sobrepasa, es una invitación a fiarnos de Dios. Mará ha hallado gracia delante de Dios, ha sido escogida por la trinidad beatísima.
Nosotros hemos sido elegidos por Dios para cumplir una misión en la tierra, una misión que nos sobrepasa. El cristiano no es una persona que se dedica a cumplir una serie de obligaciones, que tiene un código de conducta, es un seguidor de Jesucristo, que le ha escogido para ir por todo el mundo y predicar el evangelio. La Virgen va a concebir a Jesús en su vientre, y nosotros tenemos que concebir al Señor en nuestro corazón. Tenemos que enamorarnos de Jesús, el Hijo de Dios Padre, que ha venido al mundo para salvarnos, para hacernos felices. Solamente con este amor al Señor seremos felices, y superaremos todas las dificultades de la vida.
La Virgen pregunta al Ángel: “De qué modo se hará, pues no conozco varón?El ángel le respondió: el Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. La Virgen ha hecho un voto de virginidad, y ve que esto es incompatible con ser madre de un niño. Pero los planes de Dios son extraordinarios: será madre y virgen al mismo tiempo. Su hijo será hijo suyo e hijo de Dios. El Señor nacerá de un modo milagroso, con la colaboración de una mujer llamada María.
Pensar en esta escena del evangelio es encontrarnos con una mujer adolescente, llena de delicadeza, de candor, de pureza. Frente a la Virgen, estamos cada uno de nosotros, acostumbrado a vivir en un mundo que no sabe nada de pudor, de modestia, de delicadeza en el vestir. Nos cuesta mucho ir contra corriente, y defender algo tan santo como es la limpieza del alma y del cuerpo. Pidamos a María que nos contagie esa delicadeza de corazón, ese amor a la virtud de la castidad, ese no querer mancharnos con los pecados de la impureza.

La escena de la Anunciación termina con estas palabras de la Virgen: “he aquí la esclava del Señor hágase en mí según tu palabra”. Es la plena disponibilidad de María a los planes de Dios, su total identificación con el querer de Dios. Hagamos nosotros durante esta novena muchos actos de entrega, digamos con frecuencia esta jaculatoria: he aquí el esclavo del Señor”, el que quiere identificarse plenamente con tu voluntad.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Un poco de coherencia no va mal

Russel Crow


Los casos de corrupción se multiplican en el mundo  a una velocidad, que es difícil estar informado de tanta bajeza. En el mundo de la política, de la economía, de la enseñanza, etc., se descubren, cada poco tiempo,  personas que han llevado una doble vida, que han tenido una doble moral, y esto, no un poco de tiempo, sino durante muchos años. Pienso que todos debemos preguntarnos en que hemos fallado para que ocurran estas cosas. Probablemente no hemos caído en esta barbaridad, pero no podemos ver como personajes ajenos, una situación, un comportamiento, que, por desgracia, es muy general.
Recuerdo que hace años vi la película “una mente maravillosa” (A beautiful mind), protagonizada por el oscarizado Russel Crow. La película es un biopic, una biografía del Premio Nobel de Economía John Nash, que consiguió este galardón a los 70 años, por un descubrimiento que hizo a los 25, la teoría de Juegos, muy conocida por los matemáticos y economistas. La historia de Nash es sumamente interesante: un niño prodigio, con estudios brillantes de Matemáticas, que consigue una plaza de profesor en la prestigiosa universidad de  Princeton.
Casado con una física norteamericana, de origen hondureño, es un modelo dentro del mundo académico. Todo va bien hasta que un día aparece en la sala de profesores del Instituto de Matemáticas de esta universidad (uno de los más prestigiosos del mundo), diciendo que ha tenido información de seres extraterrestres a través de un anuncio en el Washington Post. Esto ocurre cuando Nash tiene 30 años y no es la única extravagancia: empieza a volverse un individuo peligroso para su familia. La mujer con la ayuda del Rector de la universidad, consigue internarlo en la planta de psiquiatría de la Clínica universitaria. El diagnóstico fue esquizofrenia. A partir de ese momento, la vida de Nash es un entrar y salir de distintas clínicas, hasta que a los 70 años vuelve a la vida normal, y recibe una llamada desde Oslo comunicándole que ha sido elegido como premio Nobel de ese año, por un descubrimiento hecho hace 40 años.
El caso de Nash es un caso de enfermo esquizofrénico, con necesidad de tratamiento médico. Pero, en la mayoría de los casos de falta de coherencia, no hace falta acudir a estos extremos para entender el problema. Basta con conocer algo de la doctrina sobre el pecado original. La doctrina sobre el pecado original - vinculada a la de la Redención de Cristo - proporciona una mirada de discernimiento lúcido sobre la situación del hombre y de su obrar en el mundo. Por el pecado de los primeros padres, el diablo adquirió un cierto dominio sobre el hombre, aunque éste permanezca libre. El pecado original entraña "la servidumbre bajo el poder del que poseía el imperio de la muerte, es decir, del diablo". Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social y de las costumbres.

Olvidarse de que tenemos una naturaleza débil, necesitada de continua rectificación, ha dado lugar, y seguirá dando lugar, a muchas conductas gravemente incoherentes.

Publicado como artículo en El Mundo-El Dia de Baleares el 22 de agosto de 2014

jueves, 7 de agosto de 2014

Bautizo de Lenny

Bautizo de Lenny, hijo de Yvonne Rathgeber  y de Juan Pablo Asensi. Yo he sido el sacerdote de la boda de los padres, y del bautizo de la madre, conversa que encontró la fe en Mallorca. Entre el bautizo Yvonne y de su hijo han pasado 11 meses. Me honro de ser amigo de esta familia y estoy orgulloso de haber prestado estos servicios.Con ellos el padrino Rainier, de Sudáfrica, y profesor de Llaut, también converso a la iglesia católica.

domingo, 22 de junio de 2014

Familia numerosa: paternidad y maternidad responsable



Hoy en día está mal visto tener una familia numerosa. Se apela a la superpoblación de la tierra, a la necesidad de educar adecuadamente a los hijos, etc. Todas estas son razones coyunturales, y no se quiere ir al núcleo del problema que es la visión que se tiene del hombre, pura materia, sin apertura a lo trascendente, a lo espiritual -al mundo invisible, que decía Newman-. Con estas bases la familia y los hijos pueden ser tratados con criterios utilitaristas, como los que se tienen en una granja de animales. La producción de hijos depende de las necesidades de los padres, de las modas, de la situación social, etc.
Pero hay otro modo de ver al hombre, criatura hecha a imagen y semejanza de Dios, abierto a los trascendente. El hombre no ha aparecido en este mundo por una casualidad, sino por un querer positivo de Dios, que le ha dado un alma inmortal, y está pendiente de todas sus necesidades. Sin esta apertura a lo sobrenatural, a la aceptación de que no somos autosuficentes, es difícil defender a la familia numerosa, y a la paternidad responsable. Dios es el que cuida de las familias, y de un modo especial de las familias numerosas.
Con una ligereza digna de mejor causa, se dice que la iglesia ha cambiado su criterio respecto a la paternidad y la maternidad. Desde el comienzo la iglesia no ha hecho otra cosa que cambiar, de reformarse en muchos aspectos, pero nunca en su moral. Decir que la iglesia cambia en su doctrina, es tan absurdo como admitir un circulo cuadrado. La moral de la iglesia no es una construcción humana, fruto de un trabajo intelectual, sino doctrina recibida de Dios a través de la revelación. La iglesia debe transmitir estas verdades a cada generación, y esta labor pedagógica si que es una obra humana.
El último gran acontecimiento de la vida de la iglesia fue el concilio vaticano II, convocado por el querido Papa Juan XXIII. En uno de los documentos de esta asamblea, concretamente en la constitución Gaudium et Spes se dice: "...son dignos de mención muy especial los esposos que de común acuerdo, bien ponderado, aceptan con magnanimidad una prole más numerosa para educarla dignamente...". Es decir, la Iglesia como siempre elogia la familia numerosa, como una prueba de la generosidad de los padres.




Por otra parte,  la Sagrada Escritura y la práctica tradicional de la Iglesia ven en las familias numerosas un signo de la bendición divina, de una especial predilección de Dios. En el lenguaje popular se suele decir que cada hijo viene al mundo con un pan debajo del brazo, es decir, que Dios no abandona a su suerte a los padres que viven su matrimonio con fe en la providencia divina.
Publicado en El Mundo-El Día de Baleares el 18 de julio de 2014

sábado, 7 de junio de 2014

Bautizo, confirmación y primera comunión de Catlin Goldman





El sábado, 14 de mayo de 2014, bauticé a Catlin Goldman, una chica inglesa de 14 años. Asistieron sus padres Alan y Zara, su abuelo paterno, su abuela materna Olivia, sus padrinos, y todas las de su curso de 2º de la ESO, del colegio Aixa.
Catlin llegó al colegio hace dos años, y desde el primer momento me llamó la atención su inquietud religiosa. Venía al oratorio, asistía a Misa, y manifestó su deseo de recibir el bautismo. Comenzamos la catequesis, y habló con sus padres de sus deseos. Los padres tenían sus prevenciones -ninguno de los dos es católico-, y querían que la decisión de su hija fuese bien fundamentada. Su padre es ingeniero naval, y trabaja en un yate de 90 m. de eslora, con una tripulación de 20 personas. Con frecuencia está fuera de Mallorca, viajando por todo el mundo.
Después de varias conversaciones con sus padres, dieron su aprobación, y fijamos la ceremonia para el 14 de mayo La ceremonia fue en el oratorio del colegio Aixa, con permiso de la diócesis, y quedando registrada en los libros de la parroquia vecina. Los padrinos fueron un matrimonio amigo de la familia: Rodrigo y Carmen.
La familia nos invitó a tomar el lunch en su casa del Toro, que habían preparado su madre, su abuela y su tia. Al acabar la comida su abuelo, que había venido de Inglaterra, le regaló una biblia que su mujer había conservado toda su vida. Leyó una carta que le había escrito a su mujer el vicario anglicano de su parroquia, el día de su confirmación. Fue muy emocionante.

sábado, 3 de mayo de 2014

Primeras comuniones Aixa




Queridos hermanos:
El evangelio que acabamos de escuchar es un pasaje del discurso sobre el Pan de Vida que el Señor pronunció en Cafarnaúm. En este lugar Jesús habló con toda claridad del sacramento de la Eucaristía, que instituyó en la Ultima Cena. El Señor nos dice que es el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá eternamente. No hay opción a falsas interpretaciones: cuando comulgamos, recibimos el cuerpo de Cristo que se entrega por nosotros.
Dios había preparado al pueblo judío con el maná que les alimentó durante los cuarenta años que peregrinaron por el desierto. Fue un milagro extraordinario que Dios padre tuvo con su pueblo, para que no murieran de hambre en aquellas circunstancias tan adversas, antes de llegar a la tierra prometida. Pero el maná, siendo un alimento milagroso, solamente servía para recuperar las fuerzas, no daba la inmortalidad. Como explica el Señor, los israelitas comieron y murieron.
Pero al llegar la plenitud de los tiempos, El Hijo de Dios se hizo hombre, vino para dar cumplimiento a todas las promesas que habían recibido los judíos. Nos dio un alimento que no tiene parangón con ningún alimento humano, es un alimento que da la inmortalidad. Al recibir la santa comunión, no es Cristo el que se convierte en nosotros, como ocurre con cualquier comida. Somos nosotros los que nos transformamos, nos divinizamos, nos hacemos consortes de la naturaleza divina.
Nunca daremos suficientes gracias a Dios por el sacramento de la Eucaristía. Desde la Ultima Cena, la Iglesia no ha cesado de dar gracias a Dios, y ha convertido la Eucaristía en el centro de la vida cristiana. Los cristianos nos reunimos para celebrar la Eucaristía, dando gracias a Dios por este don inefable. Bastaría una única comunión en nuestra vida para conseguir unos efectos extraordinarios, increíbles.
El catecismo de la Iglesia dice que la Eucaristía culmina el proceso de la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el bautismo, participan por la eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor. Estas niñas recibieron en su día el sacramento del bautismo que les confirió el sacerdocio común de los fieles, participando de la comunión de los santos que existe entre todos los bautizados.
A lo largo de estos años han recibido una catequesis en su casa primero, y después en el colegio. Han aprendido a amar a Jesucristo, a contar con la gracia de Dios para mantener esa lucha propia de los cristianos. Dios mismo, por medio del Espíritu Santo, ha ido moldeando sus almas, para que pudiesen recibir la sagrada eucaristía. Además, sabemos que son las predilectas del Señor, Jesús se encuentra muy a gusto en medio de los niños.
Hace unos meses hicieron su primera confesión, recibieron el sacramento de la penitencia, y aprendieron a pedir perdón a Dios por sus errores, equivocaciones, por sus pequeñas faltas de amor. Desde entonces, se ha confesado en varias ocasiones, y el Espíritu Santo se ha ido metiendo en su alma, transformándolas para que su alma estuviera totalmente limpia. Hoy este camino llega a su fin: el Señor viene al alma de cada una, para quedarse, para compartir con ellas su vida.

lunes, 21 de abril de 2014

Graduación de segunda promoción de Aixa



Estamos en la semana 4ª de Cuaresma, cerca de la Semana Santa. La iglesia desde el miércoles de ceniza nos ha animado a una nueva conversión, a un cambio en nuestra vida. Estoy seguro que este tiempo que ha transcurrido desde el comienzo de la cuaresma, ha sido un tiempo de mayor exigencia, de una lucha más decidida contra los enemigos de nuestra alma, el mundo, el demonio y la carne.
El evangelio de este viernes es un fragmento del cap. 7 de S. Juan, donde se nos vuelve a narrar el enfrentamiento duro y despiadado de las autoridades de Israel contra Jesús, a quien no quieren reconocer como Mesías. Es un combate entre la luz y las tinieblas, entre el bien y el mal. En este conflicto, Jesús se revela a sí mismo como la luz del mundo, como el Hijo de Dios que viene a transmitirnos una revelación, una sabiduría que no puede alcanzarse con las fuerzas humanas, con nuestra inteligencia.
El señor nos dice que ha sido enviado por el que es veraz, por el que no engaña, el que no defrauda. Ese Dios verdadero que envía a su Hijo para darse a conocer, es rechazado por aquella clase dominante de Israel. No están dispuestos a perder sus prerrogativas, su cota de poder en la sociedad, y condenan a muerte al Mesías. Esta misma escena se repite en nuestros días, y nos encontramos con mentiras difundidas desde las clases dominantes, oponiéndose a la ley de Dios, a un planteamiento cristiano de la vida.
Hoy celebramos la graduación de la segunda promoción de este colegio y es bueno que pensemos en los motivos que llevaron a la creación del colegio. Era y es un proyecto educativo que trataba y trata de formar personas que tuvieran ese amor a la verdad, ese respeto a las distintas opiniones legítimas que se pueden dar en la sociedad. Era y es algo muy sencillo, pero que ha demostrado tener una importancia grandísima en la educación, y que desde el primer momento se ha encontrado con dificultades de distinto tipo, muchas veces causadas por personas que no creen en la libertad, en el legítimo pluralismo.
Gracias a Dios el colegio se ha abierto paso, ha ido creciendo, y hoy es un día de fiesta porque aquellas niñas que comenzaron sus clases hace más de 7 años, hoy se preparan para una nueva etapa de su vida, con un bagaje de formación que les hará enfocar las distintas situaciones con un peso, una gravedad, un modo de ver la vida, que tiene mucho que ver con la verdad, con la apertura a todo lo que Dios ha querido para cada uno de nosotros.

Os digo que en el colegio siempre encontrareis a personas que os quieren, que se han sacrificado por vosotras, y que no dejaran de estar a vuestro lado siempre que lo necesitéis. Durante años habéis venido a rezar a este oratorio, y el Señor ha escuchado vuestras confidencias. No dejéis de acudir al Sagrario para encontrar al verdadero amigo, y muy cerca de El, hallareis siempre a la Santísima Virgen.

Viernes Santo





Queridos hermanos: nos encontramos en el centro de la Semana Santa, en el día en que nuestro Señor murió en la cruz por nuestros pecados, para abrirnos las puertas del Cielo que estaban cerradas desde el pecado de nuestros primeros padres. Pasaron muchos siglos desde aquella desobediencia de Adán y Eva, que causó la expulsión del Paraíso, la pérdida del estado de gracia, y el triunfo de la muerte sobre la vida. Desde el primer momento Dios se apiadó del hombre, y prometió un mesías que vendría a redimirnos, a darnos todo lo que habíamos perdido, y mucho más. . Hoy contemplamos la cruz de Cristo, y tratamos de descifrar el profundo significado de esta muerte, de esta ejecución del hijo de Dios.
     En el Calvario el Señor nos da ejemplo de obediencia, se hace obediente, obediente hasta la muerte y muerte de Cruz, nos dice S. Pablo. Nuestro Señor sabe que va a morir, pero tiene un rechazo, como todo hombre, al sufrimiento al dolor. En Getsemaní pide a su padre que le libre de la pasión y la muerte, pero acaba diciendo no se haga mi voluntad, sino la tuya. Cristo obedece, y nosotros, hijos de Dios, debemos obedecer. En este mundo no está de moda la virtud de la obediencia, solo se alcanza una especie de sometimiento a las autoridades, cuando ya no hay más remedio. Hoy nos debemos recordar que no hay cristianismo sin obediencia, sin amor e identificación con la voluntad de Dios. Se habla mucho de libertad, de derechos humanos, pero se olvida que somos criaturas hechas por Dios, con un mundo que se nos ha dado, que no hemos construido nosotros. Se habla mucho de personalidad, y se olvida que venimos al mundo cuando Dios quiere, y nos iremos de este mundo cuando Dios disponga.
Obedecer es una palabra que no está de moda, que choca frontalmente con esos deseos de autosuficiencia, de independencia, de estar por encima de toda norma y regla. El cristiano sabe que para seguir al Maestro, tiene que estar unido a los legítimos pastores, al Papa y a los obispos. Hoy se habla mucho de una nueva iglesia, como si la doctrina de Cristo, y su ejemplo, hubiesen caducado. No es la doctrina la que tiene que adaptarse a los nuevos tiempos, sino los hombres los que tenemos que adaptarnos, identificarnos con la doctrina de siempre. Obedecer es algo muy grande, es algo que nos acerca a Jesucristo, que nos libera de esas esclavitudes que quieren dominarnos. Miremos al Papa que tenemos ahora, y escuchemos su palabra. Amemos al Papa actual, y sintamos el orgullo de tener al frente de la iglesia a un Papa, que es fiel a Jesucristo, y por lo tanto, perfectamente identificado con los papas anteriores.
     En el calvario el Señor nos da ejemplo de humildad, de anonadamiento, de renuncia. La sagrada escritura nos dice que no había en El parecer, ni hermosura. Aceptó todo aquel conjunto de humillaciones: la traición de Judas, los insultos de la muchedumbre, las burlas de los soldados. Incluso en la Cruz, uno de los dos condenados con él, se burlaba, le ofendía. Y todo esto sin rechistar, aceptando ese suplicio, como venido de las manos de Dios.
Pensemos nosotros como nos comportamos en la vida ordinaria, como sabemos llevar las humillaciones que provienen de la vida en familia, del trabajo, de la relación con los demás. Cada uno de los hachazos que nos da la vida, debería ser una ocasión para pulir nuestro amor propio, para parecernos a Cristo.

Homilía predicada en la iglesia del Corpus Christi de Palma, el viernes santo de 2014

Jueves Santo

Jueves Santo
Nos encontramos celebrando la misa en recuerdo de la última cena, hoy jueves santo del año 2014. Desde el domingo pasado nos estamos preparando para estos tres días que comienzan hoy, en los que vamos a celebrar los misterios centrales de la Pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor. Hoy la Iglesia nuestra Madre conmemora la institución de dos sacramentos: el sacramento del Orden y el sacramento de la Eucaristía. El Sacramento del Orden sacerdotal, del sacerdocio, y el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
En la segunda lectura de la misa de esta tarde, hemos leído un fragmento de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios, donde el Apóstol nos dice que él ha recibido una tradición que procede del Señor, es decir, de algo que no ha sido inventado por los hombres, sino por el mismo Dios. El Señor Jesús, en la noche en la que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”.
Las palabras del Señor no tienen más que una interpretación: el pan que hay sobre la mesa se convierte milagrosamente en el cuerpo de Cristo, el vino en su sangre redentora. Una vez que Cristo ha pronunciado las palabras de la consagración se produce un milagro extraordinario: Dios que viene a la tierra, escondido bajo la apariencia de pan, bajo la apariencia de vino. Ya antes, en la sinagoga de Cafarnaún, Jesús había prometido la Eucaristía, y mucho se habían alejado de Él, porque les resultaba duro de creer. La carne de Cristo se hace alimento para nuestras almas, se nos da por completo.
Este milagro extraordinario se continúa en la Iglesia, gracias al sacramento del orden, al sacerdocio cristiano. Jesús les dice a los apóstoles: haced esto en conmemoración mía. A partir de la última cena, los apóstoles y sólo los apóstoles, comenzaron a celebrar la misa, y a dar a los hermanos en la fe el cuerpo de Cristo. Nos podemos imaginar cuales eran los sentimientos de los cristianos en aquellas primeras misas de la iglesia, en aquellas celebraciones en las casas particulares, cuando todavía no había iglesias, ni altares, ni ornamentos.
Tenemos relatos de sacerdotes que han celebrado en campos de concentración durante la segunda guerra mundial, relatos de sacerdotes encerrados en cárceles en países donde no se respeta la libertad. En esas celdas han conseguido introducir un poco de pan y un poco de vino, y cuando no son vistos por los guardianes, han consagrado las especies sacramentales, y han celebrado la misa con más solemnidad que en la más famosa catedral del mundo.

Hoy es un día para agradecer al Señor el don de la eucaristía, y para examinar nuestras comuniones. S. Pablo dice que quien se acerca a comulgar sin la debida preparación, está buscando su propia condenación. Que nunca nos acerquemos a comulgar si la conciencia nos acusa de un pecado mortal, que seamos humildes y acudamos a la confesión siempre que lo necesite nuestra alma. Y junto con la preparación espiritual, la preparación física, el ayuno eucarístico, para recibir al que es Rey de reyes, Señor de Señores. Acudir a la comunión con pureza, con humildad, con devoción, con el espíritu y fervor de los santos.

homilía predicada en la iglesia del Corpus Christi de Palma, el jueves santo de 2014

sábado, 2 de noviembre de 2013

Recuperar la confesión




Recuperar la confesión

El Papa Francisco ha concedido una entrevista al P. Antonio Spadaro, director de la Civiltà Cattolica, revista publicada por los jesuitas italianos. La conversación entre el Santo Padre y el periodista fue especialmente larga: más de seis horas. Como fruto de este coloquio ha salido una larga entrevista de más de 16 páginas, que ha sido reproducida en la mayoría de las revistas de la Compañía de Jesús.
Lógicamente los temas son muchos y variados, pero yo quisiera fijarme en un diagnóstico que hace el Papa de la iglesia actual. Sus palabras son las siguientes: “Yo veo a la Iglesia como un hospital de campo después de una batalla. ¡Es inútil preguntarle a un herido grave si tiene alto el colesterol o el azúcar! Hay que curar sus heridas. Después podremos hablar de lo demás. Curar las heridas, curar las heridas... Y hay que comenzar desde abajo”.
Todos recordamos las películas bélicas, donde los heridos son desalojados del campo de batalla, y llevados urgentemente a esa tienda de campaña, donde médicos y enfermeros se afanan en cortar hemorragias, hacer trasfusiones, curar heridas. Pues algo semejante quiere el Papa para la iglesia actual, una movilización de cristianos, dispuestos a sacrificarse por los demás, dejando de lado cuestiones secundarias.
La Iglesia está celebrando los 50 años del concilio Vaticano II, el último de una larga serie de Concilios, que comenzaron en la actual Turquía, en el siglo IV, cuando aquella parte del mundo, llamada Asia Menor, era cristiana. El primer concilio fue convocado para aclarar la divinidad de Jesucristo, frente a ideas erróneas que se había difundido entre algunos cristianos. Aunque la doctrina quedó perfectamente clara, los innovadores no se dieron por vencidos, y a aquella reunión de obispos siguieron años de división, de profundas heridas entre los cristianos.
Algo semejante ha ocurrido con el último concilio, convocado por un Papa santo, Juan XXIII. Este Pontífice quería una renovación de la iglesia, una puesta al día de las viejas estructuras eclesiásticas. Lejos de su pensamiento crear una nueva iglesia, con unos dogmas o una moral distinta de la anterior. Si uno lee los documentos del Concilio Vaticano II, se da cuenta que hay una absoluta continuidad con los 20 siglos anteriores, con todos los concilios que han tenido lugar. Una iglesia nueva no es una iglesia distinta, donde no se reconocen los valores de siempre, sino una iglesia firmemente convencida de su misión en el mundo.
Como ocurrió después de Nicea, aquellos que querían una iglesia distinta no se dieron por vencidos con el Concilio, y llevamos años de confusión, de disputas estériles que no conducen a nada. Esa iglesia que cura las heridas de los hombres es una iglesia sabedora del don que Dios le ha dado, que no es comparable a nada humano. Una iglesia depositaria de los siete sacramentos, que los administra con generosidad. Y dentro de este dar el don de Dios, está la práctica del sacramento de la confesión, auténtica medicina de Dios para curar nuestras heridas.
Es bien conocido que el Papa Francisco, en su etapa bonaerense, era un gran confesor, que cuidaba de modo especial esta parte del ministerio sacerdotal. Es necesario que los sacerdotes sigamos el ejemplo del Santo Padre, y que los fieles recuperen la práctica de la confesión.

mandado a El mundo-El Día de Baleares pero no publicado

domingo, 29 de septiembre de 2013

Funeral por mi hermana Viki en la basílica pontificia de San Miguel de Madrid



Funeral de Viki en la Basílica Pontificia de S. Miguel (28.IX.13)


Queridos hermanos nos hemos reunido en esta basílica pontificia, iglesia de la nunciatura, y, por tanto, la iglesia del Santo Padre en España. A esta iglesia venían mis abuelos, mi padre y sus hermanos, cuando vivían cerca de aquí, en la calle del Rollo. En esta iglesia recibí yo mi ordenación sacerdotal, junto con otros 50 miembros del Opus Dei. Aquí bauticé a mi sobrina Paloma, y en esta iglesia celebramos el funeral de mi padre hace cinco años. Cuantas veces vino Viki a esta basílica para asistir a la Santa Misa, para acompañar al Señor en el Sagrario.
Mi padre dispuso en su testamento que fuera su hijo sacerdote el que celebrara sus exequias fúnebres: quería que se rezase por el eterno descanso de su alma, siguiendo esta piadosa tradición que procede de la época apostólica. En el caso de nuestra hermana Viki, mis hermanos han interpretado su voluntad, y me han pedido que sea yo el que predique su funeral. Con cariño y con dolor, quiero decir unas pocas palabras que os ayuden a levantar la mirada hacia lo alto. Me consuela recordar unas palabras de un padre de la Iglesia, S. Cipriano de Cartago: «Ésta es la diferencia entre nosotros y los que no conocen a Dios : ellos en la adversidad se quejan y murmuran; a nosotros las cosas adversas no nos apartan de la virtud ni de la verdadera fe. Por el contrario, éstas se afianzan en el dolor» (De mortalitate 13).

Amor al Señor. Viki era una mujer de fe, que creía en Jesucristo, Hijo Único de Dios, Dios y hombre verdadero, que se encarnó por nosotros y murió en la cruz para abrirnos las puertas del Cielo. El mejor amigo de Viki fue el Señor, cuantas horas de su vida pasó en dialogo con  El, cuantas horas de su vida pasadas junto al Sagrario. En un momento de su vida, Cristo le dijo como a los apóstoles: ven y sígueme, y ella comprendió cual era el sentido de su existencia, porque Dios le había dado el don de la vida y el don de la fe. Jesús le dijo rema mar adentro, abandona el confort de una vida fácil, cómoda, aburguesada, complícate la existencia, participa de este proyecto de vida que yo comencé hace 20 siglos. Ella sintió que valía la pena, que todo lo que había ocurrido antes de esta decisión de entrega, era una preparación para esta misión divina. Con el Señor acometió todos los trabajos, todas las dificultades, todos los problemas que se plantearon a lo largo de su vida. Con el Señor disfrutó, gozó, se alegró porque con El no hay penas que no se transformen en alegrías.
     Amor a la iglesia. Siguiendo la tradición cristiana de siglos, nuestros padres nos bautizaron a los pocos días de nacer, y así tuvimos un nuevo nacimiento a la vida sobrenatural. Con el bautismo comenzamos a formar parte de esa gran familia que es la Iglesia, cuerpo de Cristo. Como cualquier otra niña de una familia cristiana, recibió la primera comunión, y fue confirmada. Ella se sentía orgullosa de haber recibido estos sacramentos, se sentía orgullosa de ser hija de la iglesia. Tenía la firme convicción de que la iglesia no es un invento humano, es la esposa de Cristo, santa, inmaculada, sin una arruga, aunque los cristianos seamos pecadores. Cuantas veces la oí hablar del amor al Papa, sea quien sea. Cuantas veces la oí hablar del amor a los sacerdotes. Se sentía orgullosa de tener un hermano sacerdote, de que el Señor se hubiese fijado en alguien de la familia para prestarle sus manos y su voz. Nunca la oí una crítica, una murmuración contra la jerarquía. Recuerdo que una vez la presenté a un obispo en la estación de Atocha, con motivo de la jmj. Ante aquel sucesor de los apóstoles, Viki se sentía llena de veneración y respeto.
    Amor a la Obra. Dios quiso que la siguiente de mi familia que pidiera la admisión en el Opus Dei fuera Viki. Sin dejar de querer a los suyos, se dio cuenta que Dios le había dado una familia sobrenatural, y amó a la Obra como sólo se puede querer a los miembros de tu familia. Sacó adelante los encargos que se le fueron haciendo a lo largo de su vida, sin una queja, sin ahorrarse ningún esfuerzo. Disfrutaba en Navidades cuando iba a la sede de las Directoras de España, viendo a tanta gente, y se procuraba quedar leyendo las felicitaciones de Navidad de todo el mundo que llegaban a Madrid. Siendo muy madrileña, su corazón era universal. Sabía que la Obra es católica, que significa universal, para todos los pueblos de la tierra. Rezaba por aquellas regiones donde había más dificultades, por aquellas regiones que estaban empezando. El amor a la Obra no se desgastó con el paso de los años, antes bien, cada vez estaba más feliz de haberle dado el corazón al Señor en el Opus Dei.
  Hoy nos mira desde el Cielo, nos acompaña en esta misa exequial, y nos consuela en esta pena que todos los que la conocimos tenemos. Ella está cerca de la Virgen, a la que veneramos en Madrid con la advocación de nuestra Señora de la Almudena. Pedimos a Viki: ayúdanos a querer a la Virgen como tu la quisiste.

Homilía predicada en el Funeral de Viki en la Basílica de S. Miguel de Madrid, el 27 de septiembre de 2013

martes, 3 de septiembre de 2013

Bautizo de John Segura en la parroquia de S. Nicolás de Palma de Mallorca

el momento más importante
las hermanas de John con la madrina y su hermana
Los padres y hermanas de John
El domingo 25 de agosto bauticé a John, hijo de Toni y Jenny, hermano de dos alumnas del colegio Aixa. ¡Gracias a Dios!

martes, 20 de agosto de 2013

Ceremonia del bautizo, confirmación y primera comunión de Yvonne Rathgeber

Bautizo

Entrega de la vela
Confirmación
Una alemana, de la provincia de Turingia, nacida durante la dominación comunista, ha encontrado la fe en Palma. Gracias a Dios!

sábado, 17 de agosto de 2013

Bautizo de Yvonne

Yvonne con su marido


Hoy bautizo, confirmo y doy la primera comunión a Yvonne. Nació en la antigua Alemania del Este, en la época comunista. Estudió español y se vino a Mallorca como guía turística. En un hotel conoció a Juan Pablo, conserje de este hotel.
Juan Pablo la invitó a la Novena de la Inmaculada que prediqué yo el año 2011, en La iglesia de Santa Eulalia de Palma. al salir de la Novena me la presentó.
Después me pidieron que fuera el cura de su boda. Yvonne ha recibido la catequesis conveniente durante 2 años y esta tarde será cristiana.

martes, 13 de agosto de 2013

los pecados de Juan March



Cuando vivía en Madrid con mis padres, íbamos la familia con frecuencia a visitar a uno de mis tíos en la calle Núñez de Balboa, en el barrio de Salamanca. Pasábamos por delante del palacio de Juan March, y mi padre nos contaba episodios de este personaje de leyenda. Nos explicaba que Juan March había sido el mejor empresario del siglo XX, que había creado multitud de puestos de trabajo, que había contribuido generosamente a la cultura y a la ciencia, etc. La Fundación creada por él, podía compararse a las grandes fundaciones americanas, que tanto han servido para impulsar a las universidades y los institutos de investigación. Todo esto es lo que yo conocía por tradición familiar: un hombre extraordinario que supo levantar un imperio económico, partiendo casi de la nada.
Al venirme a vivir a Mallorca me encontré con una visión del personaje totalmente distinta: sus paisanos me hablaban de un pirata –el último pirata del Mediterráneo-, de un hombre acusado de asesinato, de un arribista que había aprovechado las dos guerras mundiales para enriquecerse, un adúltero con frecuentes infidelidades, etc. Enseguida me lo nombraron por el mote “en Verga” –o Juanito Verga, como se le conocía en Santa Margarita, su pueblo natal-.  En vista de ello me puse a investigar cuál de las versiones se correspondía con la realidad. Como ocurre casi siempre, todo es muy complejo, exige una depuración, y un enmarque del personaje dentro de su tiempo. Por eso su vida, como escribió a su muerte Josep Pla en la revista Destino, sigue siendo una leyenda.
Solamente voy a hablar del final de su vida, de su fe en Dios y en la iglesia, y no de sus pecados. Pecadores somos todos, y para eso está la misericordia del Señor, de la que habla con tanta frecuencia el Papa Francisco. March falleció como consecuencia de un accidente de coche ocurrido el 25 de febrero de 1962. Como otros domingos, se dirigía después de comer por la carretera de La Coruña hacia Torrelodones, a casa de Antonio Rodriguez Sastre. En dirección a Madrid viajaban en un Chevrolet Pedro Martínez Artola, subdirector de Iberduero, y su esposa. El chófer que les conducía tuvo que frenar, derrapó y fue a estrellarse contra el Cadillac en el que viajaba Juan March, conducido por su chófer, y en compañía de su ayuda de cámara.
Todos sufrieron golpes y contusiones, pero Juan March fue el más grave. Algunos coches que circulaban por la carretera se detuvieron, y llevaron al financiero a una clínica madrileña. Tenía ochenta y un años y su estado se diagnosticó como de extrema gravedad. El 4 de marzo viendo ya cercana la hora de su muerte, pidió un sacerdote para confesarse y comulgar. Después de recibir estos sacramentos manifestó que había realizado el mejor negocio de su vida. El 10 de marzo, la prensa publicó la noticia de su fallecimiento.
Había hecho testamento ante notario en julio de 1960. Dejó dicho que su sepelio, funerales y sufragios se celebraran conforme a los ritos de la religión católica, en la que vivía y deseaba morir. Sería largo recordar la generosidad que tuvo con muchas instituciones de beneficencia. Ciertamente Juan March no fue un santo, y tuvo muchas pecados, pero no cayó en el pelagianismo tan en boga en nuestro tiempo, que considera que todos somos buenos y no tenemos que arrepentirnos de nada. Creyó en Dios, en la vida eterna, en la Iglesia, en los sacramentos. Descanse en paz.

Mandado al Mundo no publicado

viernes, 9 de agosto de 2013

olor de oveja



Durante la pasada Semana Santa, el Papa ha dirigido diversas alocuciones. En una de ellas, especialmente dirigida a los sacerdotes, pedía a sus hermanos sacerdotes que se esforzasen por tener “olor de oveja”, que salieran a las calles y se rozasen con los hombres y mujeres de nuestra época. Les decía que debían dar la vida por los demás, “dejarse la piel”,  sin conformarse con unos mínimos, propios de un mal funcionario, que no quiere extralimitarse en sus obligaciones. Y todo esto, sin caer en el pelagianismo.
Pienso que muchos se han quedado sorprendidos con este término: pelagianismo. ¿De dónde procede? ¿Tiene algún significado en nuestros días?, ¿son “los pelagianos” una deriva de las muchas sectas que hoy pululan en nuestra sociedad? ¿Qué ha querido decir exactamente el Papa Francisco? Vale la pena hacer un poco de historia.
Había en Roma, alrededor del año 400, un cristiano, no sacerdote, de origen británico llamado Pelagio, famoso por haber llegado a ser consejero espiritual de las clases altas de la ciudad eterna. Era la época en la que las Confesiones de S. Agustín se habían convertido en un best-seller, dando al obispo de Hipona una gran popularidad. Los refinados aristócratas romanos comenzaban a pensar que hacerse cristiano no era necesariamente volverse anti-romano. El prejuicio anticristiano había remitido, y uno podía ser un buen súbdito del emperador, y un cristiano coherente.
Estando así las cosas, Pelagio escribió un comentario a las cartas de San Pablo. En ese libro defendía que los mandamientos de Dios eran posibles de cumplir, sin una especial ayuda de Dios. Si el hombre era capaz de elegir, tenía el poder de cumplir los preceptos divinos, aún el difícil mandamiento que prohíbe las relaciones sexuales fuera del matrimonio. En definitiva, era poner el acento  en la fuerza de los recursos naturales. Llevada hasta el límite esta posición, no eran muy necesarios los sacramentos, empezando por el sacramento del bautismo que abre las puertas de la iglesia, y da el derecho a los auxilios propios de la religión cristiana.
Agustín, por el contrario, desconfiaba de las fuerzas humanas, pensaba que el hombre era esencialmente débil, y no podía mantenerse en pie sin la ayuda de la gracia de Dios. Tanto Agustín, como Pelagio, gozaban de gran predicamento entre la gente culta de su época. Uno ejercía su influencia desde Roma, la capital del Imperio. El otro vivía en el norte de África, en la ciudad de Hipona, pero su prestigio llegaba a todos los rincones del Imperio.
La sucesión de acontecimientos que condujeron a Agustín y Pelagio hasta un abierto enfrentamiento fue muy gradual. Al principio, como ocurre tantas veces,  los dos pensadores tenían más cosas en común que diferencias. Poco a poco se fueron distanciando, llegando a defender posturas difícilmente conciliables. Pelagio era un voluntarista que basaba todo en el poder de la voluntad, Agustín era providencialista, confiando en la gracia de Dios.
Agustín fue siempre un pastor que conocía a sus ovejas, que tenía olor de oveja, y cuidaba su rebaño dándole lo mejor de sí mismo. A este modelo de sacerdote es al que hace referencia el papa Francisco.
EL MUNDO. VIERNES 19 DE JULIO DE 2013